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Desde épocas remotas la salvia gozó de buena reputación como una planta que
curaba muchos de los males de la humanidad. Su nombre proviene de una raíz
latina que significa salvar o sanar.
Propiedades:
La salvia ayuda al proceso digestivo estimulando la secreción de bilis. Es
particularmente útil ayudando a reducir la acumulación de gases intestinales
y calmar los cólicos abdominales.
La salvia contiene unas sustancias llamadas fitoesteroles que tienen un
efecto estrogénico y refrescante. En las mujeres menopáusicas reduce la
sudoración excesiva, por lo que es muy eficaz para reducir los calentones y
sudores nocturnos.
La salvia también puede usarse externamente. Posee propiedades antisépticas
por lo que es útil aplicar una toalla que previamente ha sido mojada con una
infusión de salvia sobre las picadas de insectos y cortaduras leves en la
piel.
La salvia es útil en casos de gingivitis (inflamación de las encías) y aftas
bucales.
La salvia, cuando es consumida regularmente, ayuda a reducir los niveles de
azúcar en la sangre de personas diabéticas.
La salvia, usada en forma de gárgaras ayuda a aliviar la tos de los
fumadores y el picor de garganta.
Precauciones:
La salvia contiene un aceite volátil llamado tuyona que usada en grandes
cantidades puede provocar convulsiones en personas que padecen de epilepsia.
No se debe usar en grandes cantidades durante el embarazo. En los niños y
personas de edad avanzada se debe usar una dilución mayor.
La salvia reduce o detiene el flujo de leche materna por lo que no debe ser
utilizada por mujeres que estén en el proceso de amamantar a su bebé.

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