Las sustancias depresivas, como los barbitúricos, las benzodiazepinas, el
alcohol y las methaqualona, provocan dificultad al hablar, desorientación,
tambaleo al caminar y embriaguez.
Alcohol:
El alcohol es la droga depresora más común. También es de la que
más se abusa.
En el corto plazo el consumo de alcohol produce generalmente estados
eufóricos, junto con la supresión de las tensiones internas y de las
inhibiciones. Con dosis mayores de produce ansiedad: dificultades en la elocución y en la
motricidad; doble visión (diplopía); problemas de concentración y fallas en
la memoria, somnolencia y malestar general.
Cannabis:
Es originario de la India. Se extrae de la planta llamada "cannabis sativa"
que era utilizada ya 3000 años antes de nuestra era por los chinos, como
remedio para numerosas enfermedades.
Heroína:
Conocida como el caballo que mata resultó ser de dos a diez veces más
potente que la morfina. La heroína se prepara a partir de la morfina, sustancia que se encuentra naturalmente en los conductos lactirífaros de la cápsula de la Papaver somniferum o adormidera, desde donde se extrae mediante cortes superficiales por los que supura látex (opio).
Metadona:
La metadona es un opioide sintético. En la actualidad se comercializa mundialmente en forma de grageas o en forma liquida. En su corta historia ha transitado de fármaco indeseable a fármaco providencial gracias a las políticas gubernamentales y el apoyo de los terapeutas y compañías farmacéuticas que la
producen.
Tranquilizantes:
Las benzodiazepinas se usan frecuentemente en la medicina, a causa de sus efectos sedantes. Una
dosis efectiva disminuye las reacciones emocionales y la ansiedad sin
perturbar la percepción, el pensamiento o la conducta. En dosis más elevadas
provocan náuseas, aturdimiento, disminución de la coordinación motriz y
pérdida del equilibrio.
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